El sillón del dentista, la silla eléctrica y una historia real aunque un cuento parezca

La imagen de un dentista es anclado al costado de su sillón. Sillón que a lo largo del tiempo ha ido evolucionando, siendo cada vez más cómodo y cargándose de carísimos aparatos a cual más nuevo, más indoloro, más complejo y más eficaz. Hubo un tiempo, en los inicios de nuestra profesión actual, en que el dentista, cual caballero medieval con su espada o su caballo, soñaba con las hazañas que su sillón podía realizar. Y unas veces eran hazañas dentales y otras extradentales como la historia que hoy voy a contar.

Sillón sin dentista
Sillón sin dentista

Es así que allá por el 1881, un dentista, que había sido antes ingeniero naval, en la ciudad americana de Buffalo, al salir de su trabajo vio como una persona accidentalmente hizo un mal contacto con un generador eléctrico, y recibió tal calambrazo que instantáneamente y sin un ay la muerte le sorprendió.

El dentista quedó sobrecogido, y debido a su formación técnica de ingeniero y a su trabajo dental al lado de un sillón sacó importantes conclusiones. Cualquier otro mortal hubiese dirigido sus pensamientos hacia el aislamiento de aquellos generadores asesinos o a la forma de impedir el contacto de humanos con sus zonas peligrosas, pero aquello seguro que no hubiese hecho que su nombre quedase grabado en la historia. Alfred P Southwick, que era su nombre, fue mucho más lejos y por ello se le recordará.

No comment
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Su lúcida conclusión fue que la electrocución en un sillón semejante al dental podría llegar a ser la mejor y más humana manera en la que un condenado a muerte sería matado de una forma limpia, silenciosa, eficaz e indolora, y no como hasta entonces en Nueva York, en la horca, con tantos y tan desagradables efectos colaterales.

alfred southwick

Alfred se puso en contacto con el Senador del Estado David McMillan que aplaudió la idea y juntos hablaron con el Gobernador David B Hill, que comenzó a trabajar sobre la posible legalidad del cambio de método y de la forma en la que la electricidad, tan moderna y tan en mantillas todavía en aquellos momentos, iba a reemplazar con el mayor éxito al dogal.

Al inicio de 1882, el trío se encomendó a Thomas A Edison, enfrascado entonces en lo que se llamó la guerra de las corrientes, en la que T. A. Edison con su amigo y socio capitalista J.P. Morgan apostaban por la corriente continua y George Westinghouse con Nikola Tesla por la corriente alterna.

No sólo se jugaban el prestigio sino mucho dinero del de aquellos entonces, aunque hoy en día ya ninguno de ellos podría poseer ni siquiera un euro.

Edison, acababa de inaugurar la primera y coqueta central de generación de corriente continua de la calle Pearl, que era capaz de iluminar con 400 bombillas incandescentes 85 tiendas, hogares y oficinas, y se dedicaba a asustar al público con la peligrosidad de la corriente alterna, electrocutando públicamente con ella a distintos animales entre los cuales un elefante, Topsy, que había matado a su cuidador.

Para 1885 el Gobernador del estado David Hill tenía ya preparada la argumentación legal necesaria para poder quitar la vida oficialmente por el método de Southwick que era capaz de acabar con los condenados a muerte de una manera más digna y menos bárbara que la horca.

Edison, mientras tanto, iba publicitando que la forma de morir mediante corriente alterna debería llamarse muerte mediante westinghousación. Tesla, al mismo tiempo y para demostrar lo contrario aparecía en las exposiciones y congresos mostrando su cuerpo emitiendo estentóreos chispazos al paso a su través de corriente alterna sin que ningún daño le produjera.

En 1886 se da el espaldarazo a la silla al dictarse el Decreto de legislatura nº 352 de las Leyes de ese año, con el título siguiente: “An act to authorize the appointment of a commission to investigate and report to the legislature the most humane and approved method of carrying into effect the sentence of death in capital cases.”

En 1887 Edison pierde la Guerra de las Corrientes al demostrarse la imposibilidad y el excesivo coste que produce el transporte de la corriente continua a grandes distancias.

En 1888 aparece el informe Gerry, elaborado por el propio Elbridge T Gerry, el Dr Alfred P Southwick y el juez Matthew Hale en el que se revisan las distintas formas de matar legalmente y en el que se da preeminencia para la silla eléctrica.

A mediados de 1889 Harold P Brown, inventor empleado de Edison, y el Dr Fred Peterson presentan trabajos experimentales en animales demostrando que la corriente continua no sirve pero sí la alterna para producir la muerte rápidamente. Establecen que una manera segura de electrocutar es dar necesariamente dos choques de corriente alterna, un primero de 1000 V en el que se pierde la conciencia y puede llegar la muerte; y un segundo, de 2000 V en el que desaparecen las dudas.

Durante estos meses Edison monta distintos saraos que culminan con la compra a la empresa de Westinhouse, en contra de la voluntad de éste, de tres generadores de corriente alterna que se dedicarán a nutrir de mortalidad a la silla eléctrica.

William Kemmler
William Kemmler

El 6 de Agosto de 1890 William Kemmler, un frutero ambulante de 30 años hijo de emigrantes alemanes alcohólicos y luteranos por matar a su amante con un hacha es el primer ejecutado en la silla eléctrica. Sus últimas palabras fueron: “No temáis por mí, no gritaré, no lloraré ni molestaré, pues sé a dónde voy y es el lugar al que quiero llegar”

Nuestro dentista el Dr Southwick que presenció la ejecución dijo: “Hoy es un día importante pues la humanidad ha subido un peldaño en su nivel de civilización”

George Westinghouse, sin embargo comentó: “Más les hubiera valido haber utilizado un hacha”

Y la próxima vez será antes y contaremos cosas bonitas …

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